8 de febrero de 2010

Cierra la puerta al salir de mi vida.

Los rayos del sol la despertaron aquella fría mañana de domingo. Las sábanas de fina seda rozaban su cuerpo desnudo, produciéndole un escalofrío al primer contacto. Sabía que no estaba ahí, y su mente lo cercioró con aquella carta arrugada encima de la mesita.

Sus manos temblaban. Un pequeño terremoto en cada célula de su diminuto cuerpo.

Querida Anne:

¿Crees que esto es fácil para mí?

Después de la discusión que tuvimos anoche; después de tirarme aquellos cojines (los cuales odias) a la cara; después de chillar y llamarme estúpido por todo el piso; después de mirarme con los ojos cristalinos para después correr hacia mí y echarte en mis brazos, acurrucándote en mi pecho; después de hacer el amor contigo; después de observar como tus ojos se cerraban y tu respiración se hacía cada vez más lenta; después de verte dormir plácidamente.

Después de verte sonreír.

Los dos sabemos que tengo que irme, que no puedo hacer lo contrario, por mucho que chilles y digas que no, que soy egoísta y que solo pienso en mí mismo. Tampoco es fácil para mí dejarte entre las mantas deshechas de mi cama, con tu olor en cada rincón de mi alma, observando cómo tu tierna sonrisa evoluciona a una fogosa mirada.

Estoy triste, Anne, porque te necesito aquí conmigo. Observo a la gente corriendo de un lado para otro, a mi alrededor, pululando, como si su vida estuviera en una velocidad más apresurada y yo me encontrase en el botón de pausa. Me gustaría que estuvieras aquí, a mi lado, con las manos apretadas y un gesto de mal humor. Me mirarías y pestañearías varias veces para conseguir ser un poco más dura e infundirnos valor a ambos. Y, con ese simple movimiento, harías temblar todo mi mundo, el cual gira enteramente a tu alrededor, sin un solo detalle que se salve.

Porque me has calado muy hondo, Anne. Es por eso que tengo que decirte ‘adiós’. Llámame estúpido, llámame cobarde, pero yo siempre te llamaré amor.

Hasta nunca.

Adam.

Y entonces, Anne, comenzó a llorar. Como no lo había hecho en mucho tiempo.

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